Es cómo vivir dos veces

A la vuelta de nuestro viaje a Marruecos, más mío que nada, ya que fuí yo la que estuvo 12 días, sentados en la terraza comunitaria en casa de unos amigos, a la luz de las velas, bebiendo unas copas de vino, de madrugada, después de una cena maravillosa, empezamos a hablar de cómo había sido la estancia por aquellas tierras.

Mientras desgranábamos recuerdos, uno de los contertulios, emocionado e inspirado por la esencia del viajar en sí mismo, nos dijo aquello de; -ya lo decía el poeta, viajar, es cómo vivir dos veces.

La frase, me pareció de lo más acertada, de hecho, estuvo semanas rondándome por la cabeza, para qué podrá servir esta bella frase, me preguntaba, hasta que nació este blog y supe que nombre debía llevar.

Así que, aquí está parte de esa segunda vida.

miércoles, 20 de enero de 2010

Mérida, de todo un poco

Mérida hace años que es uno de los destinos prioritarios para mi chico.
Y yo, año tras año, encuentro argumentos para cambiar el destino, por qué en el fondo ni Mérida ni Extremadura, eran para mi un destino deseable.
De hecho, mi idea era no poner los pies ahí nunca en la vida, para que nos vamos a engañar.

Pero por cazurra que pueda llegar a ser una, al final, la acaban convenciendo, más si le esgrimen eso de:
-Hace 5 años que quiero ir a Mérida y este año, he decidido que QUIERO ir a Mérida (dicho en un tono que no permite vacilación moral alguna).
Así que nada, tuve que aceptar que este año tocaba Mérida, sí o sí.

Y como dicen que rectificar es de sabios, yo, he de asumir mi profunda estupidez a la hora de negarme a visitar esta ciudad de la que solo puedo decir cosas buenas.
Nos trataron maravillosamente, con simpatía y mucha dedicación e interés.
En Mérida se toman el turismo con ganas y tratan a los turistas con mucho cariño.

Para abrir boca, os dejo un pupurrí de fotos, para ir pasando en los siguientes días a la Mérida monumental famosa en el mundo entero.

Como buena devota del jamón, no podíamos dejar de desgustar este manjar que tiene fama de ser en estas tierras, de lo mejor de nuestra patria jamonera querida.
Por 6€, te ofrecían un buen plato con el que descubrir si la fama es merecida.
Ni que decir que los picatostes esos fueron completamente ignorados, la manía esta de comer pan con el jamón no la he compartido en la vida...
Por si lo queréis saber, sí, este fue el mejor jamón que hemos comido en la vida, estaba deliciosamente espectacular.
A Mérida le pasa como a tantas ciudades romanas españolas, que haces una zanja y encuentras un yacimiento arqueológico, y hala, a parar las obras y que vengan a valorar el hallazgo, etc.
Aquí estaban un poco así, este solar había sido un cuartel y ahora estaban en pleno proceso excavatorio.
Esta especie de torre estaba en una de las esquinas y ni qué decir que me encantó.
En el interior solo terreno y más terreno. Las excavadoras estaban a la izquierda.
No podía faltar un gato meridense tomando el sol.
La fuente monumental del cerro del Calvario
Nunca había contemplado unos campos con estos colores.
Llegamos a Sevilla en avión y tomamos un tren hasta Mérida. El tren tiene una frecuencia de un viaje al día, el trayecto dura unas 5 horas y cuarto y va por unas vías donde un labriego andando tranquilamente va más rápido.
Algunos de los tramos que recorre son angustiosamente estrechos y puedes pasar mucho rato sin ver más que campos y más campos.
De repente y abruptamente, aparece una aldea de la nada y desaparece en unos instantes.

De este viaje en tren, que realizamos casi en su totalidad solos en el vagón, guardo tal vez uno de los mejores recuerdos de todo el viaje en general, a pesar de lo pesado del trayecto, estábamos hipnotizados por los paisajes que se iban sucediendo, sintiendo durante la travesía una fuerte sensación de aislamiento.
Al atardecer el cielo nos premió con esta bella estampa.
Detalle de un ardono en una de las calles de la ciudad.
A la salida de la Alcazaba encontramos este rinconcito donde vemos parte de su muralla donde nos guarecimos durante un rato del sol y del calor tremendo que pasamos durante la visita.
Le debimos caer bien, por qué nos oyó pasar y empezó a maullar y nosotros no paramos hasta conocerlo y sacarle una foto.

10 comentarios:

CHucky dijo...

@Ender: ¿jamón? ¿En Mérida tienen jamón? XD

[LOL: es un chiste privado, que nadie intente comprendernos...]

Ender dijo...

Yo también me acordé de ti al hacer la entrada :P

Sí, sí, en Extremadura también tienen jamón :DDDDDDDDDDDDD

CHucky dijo...

@Ender: leñe... me está entrando un hambre... uno nunca tiene pan y tomate cuando lo necesita :D

¡Ñam, ñam!

Ender dijo...

El jamón se come sin pan, hereje!!!!!
Bueno, sólo el bueno, el normalillo con pan con tomate of course :D

CHucky dijo...

@Ender: nada, nada. En mi pueblo lo comemos con pan y vino. Y hay que reconocer que con melón también está bueno...

Ender dijo...

A mi lo que me pasa es que siempre que lo he comido con melón era jamón trallero y no magustao.

Ya lo dice mi madre, que para ser lo pobre que soy tengo gustos de rica que nunca seré XD

Pos claro, y con vino.
Por qué en Cataluña también tenemos vino, por si no lo sabes...

CHucky dijo...

@Ender: vaya... yo que pensaba llevarme un DonSimón la próxima vez que os visitase :D

Ender dijo...

No mejor nos traes un vino con DO de Madrid.

CHucky dijo...

@Ender: pues eso: un DO Nsimón XD

Ender dijo...

Ahhhh, claro, Don Simón es el vino propio de los Madriles? XD

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