Este viaje lo planificamos cómo la salida tranquila del año y desde luego no pudimos elegir mejor.
A pesar de que nos habían dicho lo bonita que era esta ciudad no nos dimos cuenta de lo cierto que era hasta poner los pies allí.
Lisboa es una ciudad tranquila, luminosa, bonita, sencilla, vistosa, con un clima estupendo y unos ciudadanos con los que te podrás entender perfectamente en castellano y si te atreves, en Portuñol, una curiosa mezcla de ambos.
Los lisboetas son serios, pero no hay que preocuparse, por qué son amables y están siempre dispuestos a echarte una mano.
Nosotros nos alojamos en el barrio de Alfama, uno de los lugares típicos, que es precioso pero si tienes problemas para andar y no te gustan las cuestas y las escaleras, puede ser un tormento.
Que está bien para ir de turista, pero no para vivir, vaya.
Nada más llegar al aeropueto, tienes varias opciones de trasnporte, si has cogido un apartamento, cómo hicimos nosotros, en una calle poco conocida, lo mejor es coger un taxi, son todos muy nuevos y más económicos que en España.
(De hecho depende del trayecto que vayas a hacer, sale mejor de precio coger un taxi que el transporte público, ya que los billetes de tranvía y metro son independientes entre sí, no cómo en Barcelona que dentro de la hora y cuarto con el mismo billete puedes coger otros medios de trasporte con el mismo billete.
Además en Lisboa las tarjetas que compres en las máquinas del metro, son recargables, metes la tarjeta y recargas con dinero los viajes, así que si te compras una no la tires, te servirá hasta que te vayas.)
A pesar de ello, el nuestro tuvo serios problemas para encontrar nuestra calle, más que nada por qué nos dieron las señas mal y el hombre casi se vuelve loco buscando.
Al llegara a Alfama, nos tuvimos que pasar por un bar cercano, allí nos dieron las llaves del apartamento, ya que la persona que nos lo alquiló no se podía pasar a dárnoslas.
Recordad que España y Portugal tienen una hora de diferencia, allí es una hora menos, nosotros no lo tuvimos en cuenta y nos llevamos algún susto de fácil arreglo.
Nuestro apartamento estaba a pie de calle, una única planta, un sitio tranquilo y acogedor con electrodomésticos nuevos y muy limpio.
Si paseas por el barrio descubrirás que las calles son muy antiguas, en algunas partes hay lugares semiabandonados, aunque a pesar de ello no sentimos sensación de inseguridad en ningún momento.
Una cosa que no hicimos fue subir al Elevador de Santa Justa, que comunica distintos barrios de la ciudad, estábamos hartos de hacer cola por todo y nos lo saltamos.
El centro de la ciudad es antiguo, con un largo paseo que va a parar a la Plaza del Comercio, flanqueada por unos bellos arcos de aire colonial, dónde los fines de semana hay una especie de mercado/mercadillo dónde se puede encontrar un poco de todo.
Nosotros nos traímos unas cuantas conchas marinas.
En Lisboa se come bien, aunque nosotros tiramos de supermercado y alguna comida preparada.
Hay que tener en cuenta que Lisboa es levemente más barata que Barcelona, no mucho pero lo justo cómo para apreciarlo al ir a pagar las compras.
Justo en la finca de delante había un gato pelirrojo y blanco con el que hicimos muy buenas migas nada más llegar, en cuanto vio lo mucho que nos gustaba acariciarlo, lo tuvo claro, y mientras estábamos en el apartamento, no se despegó de nuestra puerta, a ver si caía un poco de jamón de york de ese que tanto le gustaba.
En cuanto nos oía dentro se plantaba en la puerta maullando tristemente, cómo si el golfillo estuviese desnutrido, si lo véis en las fotos podréis apreciar que nada más lejos de la realidad.
Uno de los mejores recuerdos que tengo de este viaje, fue la segunda noche que pasamos allí, llegamos a las 9, rotos de tanto andar y Golfo, que es cómo lo apodamos, se puso a maullar delante de la puerta.
Cómo nuestra puerta estaba partida en dos y se podía abrir sólo la mitad superior me asomé y allí estaba desgañitándose, teníamos que ir con ojo de no abrir la puerta del todo ya que el tio se te metía en casa tan tranquilamente en cuanto podía.
Así que me fui a la nevera, saqué el jamón y salí a la calle, me senté en la entrada del apartamento y allí estuvimos un buen rato Golfo y yo, disfrutando del fresquito de la noche, el silencio de la calle y la compañía mutua.
Sin más que hacer que acaricialro, y él, que comer y dejarse acariciar.
Curiosamente, habíamos estado en dos países con tranvía y nunca habíamos montado en ninguno, esta fue la ocasión de desquitarse, pues era nuestro principal medio de trasporte.
Hay dos tipos de tranvías, los típicos y antiguos, que te llevaban, por ejemplo al barrio de Alfama y los más nuevos, que te llevaban por el resto de la ciudad.
Cerca de dónde estábamos estaba el Miradouro do Castelo, un mirador desde el que divisar gran parte de la ciudad, siempre lleno de turistas en busca de una buena foto y nuestro lugar de referencia para los taxistas, ya que al apartamento en coche era imporble llegar.
Lisboa es ideal para hacer una escapada en otoño, si vas, no te arrepentirás.